EL AMOR DESDE LA CIENCIA
En el amor existe cierto componente biológico, lo sabemos. Todos hemos oído hablar de esa tormenta química conformada por neurotransmisores como la dopamina, la serotonina, la oxitocina… Ahora bien, tampoco podemos dejar de lado otro tipo influencias, en este caso, externas. Hablamos de nuestra cultura y el peso de la sociedad como mecanismo de influencia
El amor desde la psicología
Desde el punto de vista puramente psicológico, el amor es una experiencia afectiva conformada por un conjunto de variables muy concretas: necesidad de vincularnos a alguien, necesidades de intimidad, pasión, sexualidad…
Todos esos principios quedan recogidos en la teoría triangular de Stenberg.
Fue en 1986 cuando Robert Stenberg, profesor de la Universidad de Yale, dio una primera definición psicológica en su libro La teoría triangular del amor, sobre esas dinámicas que edifican una relación de pareja. Sobre lo que en esencia, busca y define el amor.
Intimidad: son los sentimientos que promueven el acercamiento, la conexión y la construcción del vínculo. Es la aceptación del otro y el sentimiento de confianza y cariño que establecemos con esa persona.
Pasión: es el deseo, pero no se refiere solo al deseo físico y sexual con todo el componente neuroquímico que de ello se deriva. La pasión también se expresa mediante la admiración del otro, mediante esa implicación psicológica donde surge el afecto más profundo y la necesidad de estar cerca de la persona amada.
Compromiso: es la decisión expresa y auténtica de construir un proyecto con la otra persona. Es serle fiel, y saber erigir un presente y un futuro donde se lleven a cabo actividades en común. Es crear un “nosotros”, un espacio propio donde consolidar la relación.
Helen Fisher y la neurobiología del amor
Helen Fisher es una conocida antropóloga y bióloga que estudia el comportamiento humano en la Universidad Rutgers. Sus trabajos son conocidos en todo el mundo por traernos una visión alternativa e igualmente interesante sobre lo que es el amor. Para ella, es un poderoso sistema de motivación, un impulso básico que nos permite satisfacer una serie de necesidades.
La principal necesidad es la de sentirnos amados. Esa ansia es más intensa que la propia sexualidad. Así, Helen Fisher explica que este deseo vital del ser humano constituye lo que conocemos como “amor romántico“. Se trata de toda una serie de dinámicas emocionales caracterizadas por la motivación, el deseo de vinculación, las ganas por compartir vida, proyectos, por formar parte conjunta del proyecto con alguien.
El impulso sexual es otro de esos motivantes. Es la búsqueda del placer, de la autosatisfacción…
El tercer objetivo del amor desde esta perspectiva neurobiológica es el apego. Apego como aspiración para obtener calma y seguridad al lado de alguien, apego como la evolución del amor romántico para alcanzar la estabilidad y evolucionar como pareja.
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